El hombre de rosto

Tanto tiempo pasó desde el dia que te fuiste Ahi yo supe que las despedidas son muy tristes Nunca me imagine que un tren se llevara en su viaje Aquellas ilusiones que de niños nos juramos Todos tus sentimientos los guardaste en tu equipaje Quiciste consolarme y me dijiste yo te amo Desde entonces no supe que seria de tu vida Desde entonces no supe si algun dia regresabas Los amigos del pueblo preguntabas si volvias Llorando di la espalda no les pude decir nada. Ayer que regresé a mi pueblo Aguien me dijo que ya te casaste Mirame y dime si ya me olvidaste Me marcharé con los ojos aguados Despues le pregunté a la luna Me dio la espalda e intento ocultarse Hasta la luna sabe que me amaste Hasta la luna sabe que aun me amas. Es muy tarde no puedo negarte que me muero Pero no callaran mis palabras pa' decirte Que soñaré contigo siempre que cierre mis ojos Que entonaré por ti mis cantos tristes noche a noche Que lloraré sin ti cuando recuerde que estoy solo Y al recordar que duermes en los brazos de otro hombre Me pregunto si aun reflejas algo de mi vida Si en tu memoria vive aquel amor de tantos años Aquel hombre que siempre te ha querido desde niña Que llora porque el amor de su vida se ha casado. Un dia recibi tu carta Quice leerla y era una hoja en blanco Pues de tu vida nunca supe nada Como preguntas que si aun te amo. Desejo receber notificações de destaques e novidades. Hoja En Blanco Monchy y Alexandra. Compartilhar no Facebook Compartilhar no Twitter.

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Aquende encontramos héroes como el cazador Hailibu, que ofrendó su vida por el pueblo, y Kandebayi, vencedor del rey divino. Todos estos cuentos son de una gran riqueza ideológica, con hermosas escenas y de una gran fuerza artística. Se trata de una recopilación que nos hace penetrar en un mundo maravilloso. Esta edición contiene hermosas ilustraciones. Su madre había muerto cuando él era muy pequeño y desde entonces vivió con una cruel madre. Li Bao fue creciendo día a día y la madrastra comenzó a preocuparse por los bienes de la familia.

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Mis gritos no os ablandan. Sois pedernales sin alma. El cielo negro parece querer descargar su ira. Hijos de un dios menor Nos abandonaron como guiñapos, en un lugar a kilómetros de ninguna parte. Mis hermanos lloraron hasta caer rendidos, con los pies sangrando, agotados de caminar en una dirección que nos reconducía, una y otra vez, al mismo lugar de partida. Me tumbé junto a los míos y me dejé mecer entre agua y tierra por un Eolo caritativo que nos depositó en un jardín idílico lleno de sueños cumplidos.


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